Picasso 1906, la metamorfosis del genio «homosensible»

Fue 1906 un año mágico para Picasso. Crucial y determinante en la trayectoria del genio malagueño, los grandes museos y colecciones del mundo se disputan las obras datadas en aquel año singular en el que el pintor pasó unos meses en el pueblo leridano de Gósol y refundó el arte. Algunas de esas piezas formidables están en la muestra ‘Picasso 1906. La gran transformación’ que los reyes inauguran este martes en el Museo Reina Sofía. Hasta el 4 de marzo, reúne un centenar largo de obras e incide en el poco tratado «homoerotismo» picassiano.

Como colofón del 50º aniversario de la muerte de Pablo Picasso (1881-1973), la pinacoteca presenta la espectacular muestra que cierra el programa internacional de la celebración. Organizada con el excepcional apoyo del Museo Picasso de París, reúne de forma también excepcional piezas de colecciones privadas e instituciones como el Metropolitan y el MoMA de Nueva York, los museo Picasso de Barcelona y Málaga, el Kunstmuseum de Basilea y los de Cleveland, Boston, Chicago o Dallas.

La exposición renueva los criterios sobre el papel clave que Picasso jugó en la creación del arte moderno hace 117 años. Descubre además la sensibilidad homoerótica que se trasluce en su obra, según afirma el comisario de la muestra, Eugenio Carmona.

La producción de Picasso en 1906 se entendía hasta ahora como epílogo del período rosa o prólogo a ‘Las señoritas de Aviñón’ (1907), tela crucial para el cubismo y que marca un antes y un después en la historia del arte. Pero los críticos saben hoy que 1906 fue un «período» con entidad propia en el devenir creativo picassiano.

En 1906, con 24 años, Picasso es un artista joven, respetado y maduro que cambia su mentalidad. «Deja atrás la bohemia y el pesimismo, se muestra vital, expansivo y sensual; se acerca a planteamientos libertarios y anhela refundar la experiencia artística», dice Carmona.

Recuerda como con el apoyo de marchantes, coleccionistas y colegas, «vive entregado al sentido ‘procesual’ de su obra; busca ‘lo primordial’ y desarrolla su trabajo en tres registros: el cuerpo, la forma y la interculturalidad».

En este proceso es determinante la estancia en Gósol, donde en tres meses Picasso realizó más de 300 obras, algunas firmadas como Pablo de Gósol. Situado a 150 kilómetros de Barcelona, es un pueblecito de la montañosa comarca del Berguedá, en el Pirineo leridano. Allí recaló el joven Picasso a finales de mayo de 1906, para aislarse una temporada junto a Fernande Olivier, modelo y gran amor del artista entonces. Cubrieron el duro y largo viaje en carro y en mulo –ocho horas– y permanecieron hasta el 23 de julio, cuando partieron de vuelta a París.

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Picasso vivía un bloqueo creativo que rompió en Gósol. De vuelta a su estudio parisino, en su cabeza y su paleta estaban ya las claves de la modernidad. Acabó el retrato de su mecenas y mentora Gertrude Stein, atascado tras casi noventa sesiones fallidas, encajando un rostro cubista sobre un cuerpo del periodo rosa poco antes de ‘La señoritas de Aviñón’, el óleo que cambió la historia de la pintura pero «cuya importancia se ha exagerado» a juicio de Carmona.

Poco vistas

Junto al mítico retrato de Stein, en la exposición hay piezas maestras apenas o nunca vistas en España, como ‘El harén’, del museo Cleveland, el portentoso ‘Desnudo con las manos juntas’ y ‘Mujer peinándose’, ambos del MoMA, o ‘Los dos adolescentes’ de L’Orangerie. También una veintena de cuadros del Museo Picasso de París, entre ellos ‘Los dos hermanos’ o el icónico ‘Autorretrato’ de 1906 en el que comparte rostro con Stein.

En aquellos meses Picasso «redefine el entramado entre fondo y figura, da un nuevo sentido a la mímesis y desarrolla conceptos matéricos y táctiles en la escultura y refunda la pintura». Su acelerado ritmo de transformación culminará en los primeros meses de 1907. En su búsqueda de lo primordial, se aproxima a ‘lo primitivo’ y se lo apropia. Convierte en referentes el arte ibero, egipcio, mediterráneo, africano, oceánico y el románico catalán, junto al Greco, Corot o Cèzanne «en una coiné plástica». «Realizó un esfuerzo de hibridación transcultural con el que situar algo equivalente a una ‘lengua común’ de lo primigenio», precisa el comisario.

En su estancia en el pueblo leridano de Gósol inició el camino que cambió la historia del arte y realizó más de 300 obras

Carmona incidió en la poco estudiada pero «evidente y decisiva» sensibilidad homoerótica de Picasso, a su juicio patente en algunos cuadros de la muestra. «Es absurdo decir que no le interesaba Gertrude Stein por gorda y lesbiana; fue crucial para él y para su obra, tanto que Picasso no sería Picasso sin ella», apunta Carmona.

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«La relación de Picasso con gais que asumen su condición no es anécdota, es categoría», afirmó el comisario contraponiendo la «homosensibilidad» de Picasso a la imagen de «homofobia y misoginia» construida en los textos actuales. Pero advierte Carmona que el «homoerotismo» en la obra de Picasso no fue constante y «desapareció de su vida con el cubismo hasta volver a su obra en los años 20 y 30». «Picasso supo lo que era la alteridad y lo vivió muy implicadamente», sostiene el comisario.

Carmona volvió a ‘Las señoritas de Aviñón’ -retrato de cinco prostitutas barcelonesas- para justificar las posturas que hablan de la misoginia del genio malagueño. «¿Por qué se ha obviado su homoerotismo? Porque se ha centrado todo en ‘Las señoritas de Aviñón’ y se ha exagerado en relación a la modernidad», lamentó el gran experto picassiano. Explicó que esta homosensibilidad nace en su etapa azul, con la representación sistemática de varias personas homosexuales. «Y el primero que dice que los arlequines de Picasso no son hombres ni mujeres, sino otra cosa, es Apollinaire», remarcó el comisario

«Picasso convierte las figuras masculinas en femeninas, y al revés, en un abrir y cerrar de ojos. El ‘género fluido’ está ahí y eso llegará», sostuvo Carmona, que destacó cómo en muchas obras de Picasso «hay personajes bisexuales en los que «se mezclan tanto los órganos masculinos con los femeninos».

El año Picasso gira en torno a unas cincuenta exposiciones y eventos celebrados en relevantes instituciones culturales de Europa y América que abordan un análisis historiográfico de su obra y hacen balance de las investigaciones e interpretaciones sobre ella.

Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía, heredó de la programación de su antecesor, Manuel Borja-Villel, esta muestra que avala como «un viaje por la cultura visual del siglo XX» y marca un hito en el museo público.

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